Día Mundial de Oración

Retiro

Como es la tradición desde hace 20 años, el retiro organizado por el Comité Paraguayo del DMO para la preparación del DMO 2008 se realizó en el Campamento Jack Norment cerca de Caacupé. El programa y el marco exterior eran los de los años anteriores, pero había una gran ausencia: la de Renée Carter, la que había iniciado estos encuentros y en su realización siempre había cuidado todos los detalles, incluso el año pasado desde su silla de ruedas. Este año estuvo presente “en su ausencia”, una ausencia muy sentida que nos acompañó en todo momento y nos ayudó a aceptar la muerte física de su persona.

Vinieron 97 mujeres, muchas de ellas por primera vez, desde muy diversos lugares en Paraguay, desde el Chaco hasta Naranjal, y tres del Uruguay. La pastora Mariela Bohl, como presidenta del comité nacional inició el encuentro con un devocional en recuerdo de Renée. Se proyectó una presentación de imágenes – momentos de su rica vida – y Olga Balanowski, la secretaria del comité, leyó un texto redactado por la propia Renée que describe su vinculación con el DMO. Yvette Carter, la hija de Renée y Juanito, que se radicó por un tiempo de nuevo en Paraguay, nos acompañó también y había asumido la tarea que tradicionalmente era la de Juanito: la decoración del escenario con los elementos de la imagen elegida para acompañar el material del DMO, este año presentado por las mujeres de Guyana. Yvette y su prima Yvonne Galland (de Uruguay) con la ayuda de Aníbal lograron una magnífica y multicolor representación de la cruz, los rayos, la corona de plumas y la ronda en su danza al pie de la cruz.

En esta oportunidad no volvimos al salón como otros años, sino que seguimos caminando hasta el parque de la familia Carter para ver el “lugar de Renée” que ella había elegido para que sus cenizas fertilizaran el suelo, en un pedazo con forma de media luna en el borde del monte de palmeras, flanqueado de lapachos y con diversas flores que están comenzando a desarrollarse allí. En aquel momento Juanito se unió al grupo y relató cómo ella, en su silla de ruedas motorizada, había decidido que aquel sería su rincón, con la mayor naturalidad. Un momento que no tenía nada de fúnebre, sino que nos reconfortó y señaló una manera de mirar hacia el fin de la vida.

La noche del fogón en el comedor fue dirigida por la directora del campamento, Mabel, con su admirable buen humor contagioso. En esta oportunidad nos pudimos deleitar a las bolivianas con su danza impresionante, pero disfrutamos de sketches, danzas paraguayas de niñas y de Lucy, una compañera, que domina ese arte a la perfección.

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